Moonrise Kingdom, estreno 15 de junio

El viernes 15 de junio llega la última película de Wes Anderson, “Moonrise Kingdom”, que abrió el último Festival de Cannes.

El célebre director de películas tan peculiares como: “Los Tenenbaums”, “Life Aquatic”, “Viaje a Darjeeling” y “Fantástico Mr. Fox” vuelve a adentrarse  con “Moonrise Kingdom” en el mundo de las relaciones humanas, rodeándose de algunos de sus actores: Bill Murray, Jason Schwartzman- y colaboradores habituales: el coguionista Roman Coppola, el compositor Alexandre Desplat, el director de fotografía Robert D. Yeoman, el diseñador de producción Adam Stockhausen-, al tiempo que abre las puertas a nuevos colaboradores: las estrellas Bruce Willis, Edward Norton, Frances Mc Dormand, Harvey Keitel y Tilda Swinton.

Pero en “Moonrise Kingdom” los papeles principales están en manos de dos actores desconocidos y debutantes, Jared Gilman y Kara Hayward.

La crítica opina

Wes Anderson o la infancia como emoción pura

El director imparte una lección sobre la modernidad del cine junto a Bruce Willis.

Su “Moonrise Kingdom” es, de principio a fin, perfecta. Tan inteligente como emotiva. Tan calculadamente cerebral como conmovedora. Tan cautivadora como precisa. Tan real como soñada. Es cine.

De nuevo, el director de obras tan peculiarmente maestras como “Viaje a Darjeeling” o “Fantastic Mr. Fox” insiste en su universo desemocionado para rastrear las claves que mueven eso tan turbador y extraño que es la emoción. Otra vez, la comedia se ofrece desnuda con la idea de desmontar el mecanismo de las sensaciones más primarias e imperfectas (incluido el ejercicio de reir). De nuevo, Bill Murray, derrotado y triste, se antoja como el cómico más desoladoramente divertido. Y a su lado, Bruce Willis, convertido en exactamente lo contrario de lo que fue en los 80, le da la más contradictoria y precisa de las réplicas.

Cuenta el director que la historia no habla de su infancia, sino de la infancia que le hubiera gustado tener. Y en esa quiebra, en el hueco en el que cabe la voz “deseo”, se instala la historia de dos adolescentes, quizá niños, enamorados y en fuga. No hay más. Alrededor, el director crea un universo tan radicalmente extraño que acaba por ser perfectamente reconocible y universal.

La estrategia no es otra que mostrar lo absurdo de cada uno de los gestos que pueblan ese territorio febril que el tiempo ha dado en llamar infancia. Se trata de poner al descubierto todas las piezas que la mala literatura ha convertido en el reino cursi y tontorrón de “Nunca Jamás”. Los niños de Anderson se comportan como los de Roald Dahl, no como los de Disney. Son crueles, decididos, cabezones y terroríficamente absurdos. Es decir, exactamente igual que los adultos que un día llegarán a ser. Y con sus mismas dudas, idéntidos empeños y similares desasosiegos.

Es director, en definitiva, deja la estructura de su película perfectamente a la vista para que sea el espectador el que se moleste en montar las piezas, en reconstruir la historia como una forma inteligente de construirse a sí mismo. Y ahí es precisamente donde la modernidad cobra sentido. Ni un solo cliché, ni una frase hecha, ni un gesto repetido.

Poético, conmovedor y profundo como las cosas que se ven por primera vez. Es cine. (Luis Martínez- El Mundo- Festival de Cannes- 17 de mayo de 2012)

 Foto Moonrise Kingdom