| Atanarjuat (The Fast Runner) |
| Orig. Title | Atanarjuat (The Fast Runner) | Certification | Suitable for those aged 13 and over |
|---|---|---|---|
| Director | Zacharias Kunuk | Genre | Drama |
| Language | Inuktitut | Country | Canada |
| Type | Feature | Year | 2001 |
| Runtime | 172min. | Release Date | 2009-03-27 |
En el vasto ártico canadiense, el pueblo inuit ha vivido durante generaciones con una leyenda que ahora vuelve a la vida. En un tiempo en el que el mundo de los espíritus y del hombre comparten una paz común, un chamán conjurará un hechizo de oscuridad para dividir a una tribu.
Atanarjuat es el objeto de su ira: se apoderará de su mujer, matará a su hermano y lo condenará al exilio.
Pero para un auténtico inuit no existen las distancias.
Igloolik es una comunidad de 1200 habitantes situada en una pequeña isla de la región de Baffin, al norte del Ártico Canadiense, cuya evidencia arqueológica indica que ha estado habitada durante 4000 años.
A lo largo de estos cuatro milenios, innumerables nómadas inuits han transmitido su cultura y saber tradicional, de generación en generación, a través de los cuentos orales, ya que carecen de lengua escrita.
Atanarjuat, la Leyenda del Hombre Veloz, es parte de este flujo continuo de narración oral llevado hasta el nuevo milenio mediante la fusión entre el arte inuit para contar historias y las nuevas tecnologías.
La película ofrece una visión auténtica de esta cultura y de esta tradición oral, desde el punto de vista inuit. Durante incontables generaciones, los mayores de Igloolik han mantenido viva la leyenda de Atanarjuat para enseñar a los jóvenes inuits los peligros de situar los anhelos personales por encima de las necesidades del grupo. El rodaje del film es, en si mismo, como un cuento con varias historias.
Atanarjuat se rodó en Inuktitut, el lenguaje de los esquimales, con un reparto únicamente inuit y bajo condiciones extremas. Conseguir esto, con un modesto aunque profesional presupuesto de 1.9 millones de dólares, requirió fuertes conocimientos del Ártico. Igloolik Isuma Producciones tiene un amplio historial de premios conseguidos a lo largo de sus diez años de experiencia con dramas inuits realistas, auténticos y de bajo presupuesto, en este entorno único y desafiante que es el Ártico.
Conseguir el máximo rendimiento de este reparto y equipo requiere crear una “cultura de producción” inuit: sentido del humor, valentía, mucha paciencia, espíritu de cooperación y trabajo en equipo, en lugar de control al estilo militar. A lo largo de milenios, los inuits han aprendido que las personas no pueden dominar la realidad. Nuestro objetivo no era imponer las convenciones cinematográficas del sur en nuestra peculiar historia, sino permitir a la historia moldear el proceso cinematográfico a la manera inuit. Por esta razón escribimos el guión siguiendo un proceso único de autenticidad cultural. Primero grabamos las versiones de ocho ancianos narrando la leyenda tal y como sus ancestros se la habían transmitido oralmente. El equipo de escritores de Isuma, cinco en total, las combinó en un solo tratamiento detallado en lengua inuktitut e inglés, consultando con los ancianos para asegurar la veracidad cultural y con nuestra asesora narrativa en Toronto, Anne Frank. Se siguió este mismo proceso bicultural y bilingüe desde el primer borrador hasta el guión final.
El equipo inuit de Atanarjuat, la Leyenda del Hombre Veloz combinó profesionales experimentados con principiantes que adquirieron las habilidades profesionales necesarias para el establecimiento de una industria del cine en Nunavut. Un pequeño equipo de profesionales de la industria del sur instruyó a miembros del equipo local en maquillaje, grabación de sonido, continuidad, escenas arriesgadas y efectos especiales.
En total, en la producción participaron como actores, personal técnico y ayudantes, aproximadamente 60 indígenas inuits de Igloolik. El empleo y el gasto local aportaron más de 1.5 millones de dólares a la economía local de la comunidad.
Este film fue la piedra angular para una industria cinematográfica en Nunavut. Con una tasa de desempleo del 60% y diez veces el índice nacional de suicidios, en Igloolik se merecen y necesitan desesperadamente estos beneficios económicos y culturales.
Atanarjuat, la Leyenda del Hombre Veloz se rodó en betacam digital y se pasó a 35mm en proceso 'smooth motion' con resolución fotográfica real en Vancouver. La estrategia visual de la película fue diseñada para intensificar la sensación del espectador de estar ahí, por exótico que el escenario fuera. Además, con las cámaras digitales de última tecnología puedes acceder a lugares a los que una cámara cinematográfica nunca podría ir.
La meta de Atanarjuat, la Leyenda del Hombre Veloz es hacer que el espectador se sienta dentro de la acción, mirando hacia afuera, más que fuera mirando hacia adentro. Esto permite a la gente olvidar lo lejos que realmente está e identificarse con la historia y los personajes como si fueran exactamente como nosotros.
Atanarjuat fue coproducida junto con el Programa Cinematográfico Aborigen de la Junta Nacional Fílmica del Canadá (NFB). Creado en 1996, el programa ofrece fondos específicos a cineastas indígenas y continúa con el viejo compromiso de la NFB de ayudar a comunidades tradicionalmente poco representadas en la producción cinematográfica canadiense.
Sí. Nosotros vivimos en una isla que ha sido habitada por más de cuatro mil años, y la historia ha sido transmitida de generación en generación. Era un cuento que nos contaban antes de dormir cuando éramos niños. Con la llegada del Cristianismo nos prohibieron tocar los tambores y contar historias. Decían que eso eran asuntos del diablo y las tradiciones se fueron muriendo. Luego, cuando llegó la televisión, la gente empezó a quedarse pegada a la pantalla, así que nosotros queríamos estar ahí. Lo que nuestra compañía ha hecho es tratar de reanimar la tradición narrativa. Y hay muchos mas inuits trabajando por recuperar su cultura, de distintas formas. Nosotros sólo estamos haciendo una parte con el video.
Nosotros no trabajamos como trabajan en Estados Unidos. Allí el director tiene un asistente, y ese asistente tiene otro asistente. Nosotros nos juntamos todos a hablar de lo que vamos a hacer y tratamos de entendernos bien. Si vamos a hacer una escena en la que se usan carpas, por ejemplo, nos preguntamos si las carpas están bien puestas; es responsabilidad de todos que la toma salga bien, así que nos aseguramos hablando entre todos para que las cosas estén donde tienen que estar. Todo el mundo opina (ríe). Así es como trabajamos.
Y los actores por supuesto son de la comunidad y cuando tienen que meterse en sus personajes, se lo digo y ellos lo hacen. Como director no tengo que hacer casi nada, porque el guión está ya escrito y la gente sabe lo que tiene que hacer. Yo nada más digo 'acción', y 'corten', y listo.
Pues sí. Parece que tuvimos que salir de nuestro país para recibir reconocimiento. Pero bueno.
Sí. Hemos estado investigando para un proyecto que toca nuevamente el tema del chamanismo. Esto ya lo hicimos en Atanarjuat y fue muy controversial. Pero en este proyecto queremos tratar el tema mas a fondo, y mostrar todos los malentendidos que se dieron cuando llegó el Cristianismo - sobre todo la manera en que nos tradujeron la Biblia. Eso fue muy destructivo para nuestra cultura, y yo quiero mostrar como sucedió en nuestra tierra.
Si tú solamente has oído hablar de los inuits, esta película te va a mostrar lo que necesitas ver. Aquí está la esencia del pasado inuit. No hay ninguna influencia externa, no hay europeos. Es totalmente inuit. Eso es fantástico porque a los inuits siempre los ponían de extras en las otras películas en las que han aparecido. Y si hablaban el Inuktitut no quería decir nada, era simplemente parte del espectáculo. ¿Cómo funciona una lámpara de aceite de foca? A nadie le importa. Podría perfectamente ser la antorcha Olímpica, les daría lo mismo. Esto era lo que yo notaba cuando veía películas sobre el Norte. Nosotros éramos parte del decorado, y a quién le importa? Pues a nosotros.
Prefiero el documental, pero yo no lo llamaría documental. También es ficticio. Estás recreando el pasado, o sea que es ambas cosas. Cuando empezó a salir nuestro trabajo, decían que era docudrama. Mitad documental, mitad drama.
Siempre he trabajado en video, desde 1981. Es una herramienta maravillosa. Cuando hacemos entrevistas, especialmente con ancianos, podemos entrar con una cámara y empezar a hacer preguntas, ellos van a decir la verdad, y con una cámara de video podemos capturar eso inmediatamente, que es lo que queremos. Luego podemos ver el material apenas acabamos de grabar, mientras que filmando en cine, desde donde yo vivo, tengo que mandar a revelar los rollos y esperar dos semanas para poder ver lo que salió. Eso es un suplicio.
La pieza de Robert Flaherty fue filmada 400 millas al sur de mi comunidad y a mí me alegra mucho que él la haya hecho porque dejó un registro de esa cultura. Como cineasta tengo críticas. Obviamente hay escenas en las que él dirigió la acción, pero a mí me alegra que existan documentos como ese. Me encantaría, por ejemplo, que alguien hiciera un Atanarjuat desde otro punto de vista. Nosotros somos sólo un grupito haciendo este trabajo, y deberíamos ser más, así que yo con ellos no tengo ningún problema.
Nosotros nos pasamos la mitad del tiempo tratando de hacer algo siempre más… ambicioso, o cómo se dice… tratando de llegar más alto. Involucramos a la comunidad poniendo a todo el mundo a trabajar. Como hace frío necesitamos ropa hecha con cuero de caribú, que sigue siendo lo mejor para este clima. Las señoras que saben cocerla nos la hacen. Los abrigos de plumas no sirven. Así que estamos haciendo todas esas cosas. Las mujeres hacen la ropa de caribú y los hombres hacen todo lo que son arcos y flechas y arpones. Todo lo que se necesite, lo hace la comunidad. Nos estamos volviendo más como los que vivían en el terreno.
Inuktitut es el lenguaje principal en Nunavut. En mi comunidad, cuando los niños van al colegio estudian Inuktitut los primeros tres años. Aprenden a hablarlo, a leerlo y a escribirlo. Después de eso, creemos que ya han quedado bien sembradas las semillas y en el cuarto año empiezan a aprender inglés.
Sí, porque nuestra audiencia principal son los mismos inuits. Es un reto hacer un largometraje así, porque hay ancianos que ven el film y si notan algún error nos van a llamar la atención. Por eso tenemos que hacer todo muy bien.
Por ahora los niños están muy interesados en la película, porque por primera vez es en su idioma. No es Schwarzenegger volando cabezas. Ahora es Atanarjuat. Los niños hasta juegan con la historia, actuando partes. Los padres me lo cuentan. Uno me dijo que un día estaba buscando a sus hijos y cuando los encontró vio que estaban en una carpa jugando a Atanarjuat. Eso me encanta.
Me gustaría ver más. Siempre que me preguntan quién es mi realizador indígena favorito no sé que decir, porque yo vivo muy al norte y no conozco a nadie. Allí estamos sólo nosotros. He visto realizaciones de directores canadienses, como Alanis Obomsawin. Su obra la he visto y la conozco, pero no mucho.
Sólo cambio cuando hago giras y hablo con periodistas, viajando de un lado a otro. Mi mente siempre está en mi casa. Quiero montarme en un trineo y andar por el campo. En mi mente yo nunca salgo de allí. Esto no me ha cambiado.
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