El viernes 18 de mayo estrenamos “Profesor Lazhar”, película dirigida por Philippe Falardeau que obtuvo una nominación al Oscar como mejor película de habla no inglesa
La película está basada en la obra de teatro “Bashir Lazhar” de Evelyne de la Chenelière y muestra el encuentro de dos mundos muy diferentes, un profesor argelino y una clase de alumnos de 10 años en Montreal, y lo hace usando una gran sensibilidad.
La carrera repleta de premios y festivales de “Profesor Lazhar” empezó en el Festival de Locarno (Premio del Público y el Premio de la Crítica) y continuó en el Festival de Toronto (Premio Mejor Película Canadiense), Seminci (Premio ‘Miguel Delibes’ al Mejor Guión y Premio de la Crítica), Festival de Sundance y Festival de Rotterdam (Premio del Público).
La película trata de Bachir Lazhar, de 55 años y origen argelino, es contratado como sustituto de un maestro de primaria que ha muerto en trágicas circunstancias en una escuela de Montreal. El carisma y la forma muy particular de enseñar del profesor Lazhar resultarán fundamentales para sacar adelante el curso y cambiar la vida de sus jóvenes alumnos.
Desconozco la pieza teatral que sirve de base a esta película absorbente, pero qué duda cabe que los mimbres con que parece hecha no pueden ser más pertinentes: integración cultural, social y laboral de personas de otras culturas, choques que ocasiona dicha integración, responsabilidad de una sociedad avanzada en la preservación de oportunidades en una situación económica cada vez más compleja: ahí es nada.
Y de todo esto va “Profesor Lazhar”, una película considerablemente audaz, que concede protagonismo no a un inmigrante magrebí pobre, sino a un maestro de escuela; y que condensa en el aula de una escuela canadiense todas las contradicciones de una sociedad permeable y compleja.
Concebida para hacer pensar, pero sin ocultar también que lo hace a partir de los sentimientos, la película que ha dirigido Philippe Falardeau sirve igualmente para hacernos ver que, detrás de un inmigrante, hay todo un mundo, unas contradicciones no menores que las nuestras: el poderoso peso de una historia personal, duros traumas incluidos.
Hábil para pulsar las más finas cuerdas emotivas (ahí es nada enfrentar a la infancia con la muerte), la mezcla de drama y sonrisas de este film lo hacen particularmente apto para públicos variopintos. (Mirito Torreiro-Fotogramas)