| Los niños perdidos de Buda |
| Título Original | Buddahs Lost Children | Calificación | Pendiente de Calificación |
|---|---|---|---|
| Director | Mark Verkerk | Género | Documental |
| Idioma | Tai | Nacionalidad | Holanda |
| Tipo | Largometraje | Año | 2006 |
| Duración | 97min. | Fecha Estreno | 17-12-2009 |
Este documental cuenta la historia de un boxeador tailandés convertido en monje budista en la escabrosa región del Triángulo de Oro de Tailandia. Desde su conversión, se ha dedicado a mejorar la situación de los niños y a viajar a caballo ofreciendo curas médicas, oraciones, educación y amor a los habitantes que están lejos de la protección y el soporte de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. Se dedica, también, a reclutar monjes novicios para su monasterio, el Templo del Caballo de Oro, un refugio para los niños de la región, que ven en él a un chamán, un padre y un guía espiritual. El director Mark Verkerk obtuvo un acceso sin precedentes para filmar esta dramática e íntima historia durante todo un año. Una fotografía impresionante, un trabajo de filmación íntimo y una historia convincente hacen de esta película una experiencia extraordinaria.
Durante más de treinta años Mark Verkerk ha estado involucrado en todos los aspectos de la producción televisiva y cinematográfica, haciendo de cámara, editando y dirigiendo. Pero la pasión por el género documental en todas sus formas ha sido siempre una constante en su trabajo.
Nacido en Kenya el 1956, Mark Verkerk trabaja como director creativo de EMS Films desde 1990, donde ha escrito, dirigido y supervisado una extensa y premiada programación para televisiones internacionales. Buddah’s lost children es su primer largometraje documental.
El abad Phra Khru Bah Neua Chai Kositto es un antiguo soldado y campeón de boxeo tailandés. Hoy este hombre transformado ha encontrado la paz interior y una nueva vocación como monje budista. Entregado, disciplinado y sumamente fuerte, Khru Bah ha sobrevivido a muchos ataques de pandillas que trafican con drogas u operaciones de juego ilegales.
Trabajando en un mandato especial del Patriarca Supremo, el centro de atención del abad es ayudar a los más marginados por la pobreza, los niños de la tribu de la montaña, en la remota provincia del norte de Tailandia de Chiang Rai.
En el sereno Wat Maa Tong (Templo del Caballo Dorado) ha creado un refugio para estos chicos jóvenes, muchos de los cuales se han quedado huérfanos o han sido abandonados.
Criada en una familia acomodada y espiritual de Chang Mai, Mae Ead se graduó en medicina. Pero después de haber sufrido un infarto y como consecuencia a haber estado cerca de la experiencia de la muerte, transformó su vida convirtiéndose en monja budista.
Astuta, firme, humorística y sumamente enérgica, Mae Ead supervisa los recursos financieros y la gestión diaria del monasterio y enseña a los chicos habilidades como leer, escribir, lavar y cocinar.
Nehn Suk fue encontrado por Phra Khru Ba en una tribu de un pueblo de la montaña de Akha, jugando en la inmundicia con pollos y cerdos.
Sus padres habían desaparecido, probablemente cruzando la frontera en Birmania. No había nadie que cuidara de él aparte de una anciana que a veces lo alimentaba. A pesar de que Nehn Suk estaba famélico y no podía decir una palabra cuando conoció al abad, estaba fascinado con sus tatuajes y un vínculo se desarrolló lentamente entre los dos. Nehn Suk se fue a vivir al monasterio y empezó a hablar después de un año.
Está muy unido y es muy respetuoso con el abad, al que considera su padre. A pesar de que la terrible experiencia que tuvo en su infancia le ha dejado marcado, Nehn Suk es ahora capaz de comunicarse bien, meditar, escribir y hablar en la lengua tailandesa, y acompañar al resto de los novicios en la recogida diaria de donaciones.
Yee es un chico del pueblo de Shan nacido en una familia pobre, cuyos padres emigraron originalmente de Birmania. Su padre murió hace unos cuantos años dejando sola a su madre al cuidado de 7 niños. Yee tiene problemas para aprender y hablar después de haberse caído de cabeza de un árbol. Desde entonces apenas se comunica con su familia y amigos.
Después de que su madre consiguiera un empleo trabajando para el templo, Yee empezó a interesarse por los caballos y los novicios de allí. Después de un periodo de prueba trabajando con los caballos, le preguntaron a Yee si estaba interesado en convertirse en novicio y aprender a montar. Inseguro de qué hacer, su madre lo insta a dar el paso y al final Yee es iniciado en el monasterio como novicio.
La película sigue el lento proceso en el que va ganando confianza como joven novicio. Su viaje, asociado con lo que hemos aprendido del pasado, a menudo traumático, de las vidas de otros jóvenes novicios, ilustra el poder transformativo del trabajo del abad y Mae Ead.
El más joven de una familia de 5, Boontam está creciendo en el pueblo fronterizo de Huay Yuak, a unos 80 km del monasterio. Sus padres no poseen tierras, así que trabajan como agricultores con un sueldo de poco más de 2 dólares al día. A causa de la desnutrición Boontam padece raquitismo, una enfermedad que si se deja sin tratar le podría dejar paralizado para siempre.
Sus piernas se habían vuelto tan débiles que cuando Khru Bah lo encontró apenas podía andar. A través de una visión que Khru Bah tuvo mientras meditaba, se convence de que Boontam es un chico especial destinado a convertirse en un líder espiritual y a ayudar en el desarrollo de la tribu de la colina.
Aunque es demasiado joven para convertirse en novicio, Boontam fue acogido para ser cuidado en el monasterio y mediante la nutrición y la medicación correcta ha empezado a recobrar fuerza en sus piernas. Ahora va y vuelve del monasterio a su pueblo, creciendo con fuerza durante meses. Cuando tenga 7 años su madre espera que dé los pasos formales para convertirse en novicio.
Buddha’s Lost Children se desarrolla a lo largo de un año en la vida de una pequeña comunidad monástica que recorre los pueblos de una zona remota de la frontera del norte de Tailandia con Birmania. Desde el principio, sin embargo, la película tenía que ser algo más que un retrato de un monje y su comunidad, quería que mencionara temas mayores, más universales.
Una pista sobre lo que es la película se encuentra en la cita del comienzo: 'La vida es un arte por aprender', señala Shin Yatomi. El objetivo del abad es enseñar este arte a los chicos que están bajo su cuidado. Esto engloba el objetivo principal de la película: examinar cómo un hombre da a estos chicos las habilidades básicas que necesitan para la vida.
Buddha’s lost children también explora la naturaleza de la compasión, y lo que significa en realidad vivir con ello. Quise averiguar como funcionaba esto, registrar el mecanismo de esto en acción. En Occidente, la compasión a menudo es vista como una flaqueza, como algo pasivo y una debilidad. Pero para Khru Bah -un Rambo con toga que me ha roto el estereotipo del monje que se mira fijamente el ombligo- es la base para la acción.
Esta no es una película sobre el budismo, aunque la historia tenga el potencial para cambiar lo que muchas personas piensan sobre el budismo en Occidente. El budismo todavía es visto comúnmente como la promoción de una actitud puramente pasiva, contemplativa ante la vida (el estereotipo del monje que se mira fijamente el ombligo). Esto está pensado para conducir, a la larga, a una separación y hasta una indiferencia hacía los problemas del mundo material, y no es por lo tanto apto para abordar muchos de los complejos problemas que afrontamos en la práctica.
Vivimos en un mundo globalizado, más interconectado que nunca, a pesar de que las divisiones entre culturas y las diferencias entre ricos y pobres son cada día más evidentes. A menudo hablamos sobre cómo la tecnología ha hecho nuestro mundo más pequeño, a pesar de que los conflictos que se suceden en todo el mundo y entre naciones sigue intensificándose y cerca de la mitad de los niños en el mundo crecen con hambre y enfermos. La necesidad que hay hoy de entender otras culturas y darse cuenta de la humanidad común que compartimos nunca ha sido mayor.
Khru Bah acostumbra a decir que para cambiar el mundo se comienza cambiando a una persona sola. Y en su remoto rincón del norte de Tailandia, a través de la mezcla de entrenamiento físico y mental, ha encontrado la forma de hacer justamente eso.
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